Fuente:
Javier Ibacache, La Segunda
28 de mayo, 2009
Ultimo estreno del Festival de Dramaturgia Norteamericana, “La casa limpia” explora en lo que la crítica neoyorquina denomina “temas femeninos”. Es decir, los vínculos emocionales, la solidaridad de género, la pertenencia a un clan y la incertidumbre de los afectos.
Su autora —Sarah Ruhl— estrenó la obra en 2004 en Connecticut y dos años después alcanzó reconocimiento en el Lincoln Center Theater de Nueva York. Alumna de Paula Vogel, muestra afinidades estilísticas con la creadora de “How I learned to drive”.
La pieza entrelaza la suerte de cuatro mujeres que, enfrentadas a la muerte, el abandono y el desarraigo, representan formas contrapuestas de socialización y actitudes dispares frente a las labores domésticas, un símbolo de variadas lecturas en el texto. La anécdota alude también a la inmigración, a través de su protagonista —hija huérfana de un extrovertido matrimonio brasileño que intenta crear el chiste perfecto—, y a las implicancias más profundas que conlleva el cáncer mamario.
Con una narrativa que se desplaza entre la acción, los recuerdos y los deseos de los personajes, el texto adopta por momentos un tono surrealista, con dosis de exotismo.
La versión local de Claudio Fuentes enfatiza esto último y evidencia la oposición entre un mundo rígido y civilizado y otro genuino y extravagante mediante el despliegue de coloridos elementos en la escena, música en vivo, un creciente ritmo festivo y un estilo actoral más propio de la parodia, donde sobresale la presencia encantadora de Luz Jiménez.